El discurso y expansión capitalista legitima la desigualdad y la injusticia

Por Douglas Barrios

riqueza-pobreza8En muchos trabajos podemos encontrar que el principal problema ambiental en Venezuela, y el mundo, es la pobreza, argumentando que ésta es consecuencia de la actividad antrópica en lo económico, social, cultural, político, histórico, geográfico, ecológico, como principales categorías.

En tal sentido, para poder comprender la práctica de la UBV en cuanto al verdadero papel que juega la universidad como casa de los saberes necesarios para el país, y su relación con las políticas estratégicas nacionales en el contexto histórico moderno se hace necesario efectuar el análisis crítico de la referida afirmación tendenciosa. Para ello emplearemos como metodología científica el materialismo histórico y el aporte de varios autores bajo el enfoque dialéctico-histórico en el tema ecológico.

Sabbatella y Tagliavini (2013) afirman que la crítica situación ecológica global guarda estrecha relación con el modo de producción y reproducción del modelo capitalista. En su análisis, develan el aporte del trabajo de Marx y Engels en cuanto la concepción materialista de la naturaleza en el cual incorporan al hombre como parte de la naturaleza, como un todo en un concepto indivisible, donde ésta ofrece al hombre el medio para la vida (materia, objeto y herramienta de su actividad vital: el trabajo). Establece la relación trabajo-naturaleza en la producción de valores de uso cuando agrupa económicamente a las categorías: riqueza natural de medios de vida y riqueza natural de medios de trabajo, la visión de la naturaleza como parte esencial de la producción de valores de uso y como primera fuente de medios de trabajo. Pero lo relevante de esta relación se encuentra cuando, acertadamente, definen la plusvalía como producto de las condiciones históricas del trabajo (mercancía) bajo condiciones desiguales entre quienes se apropian de la naturaleza y quienes la trabajan.

Continuando con el aporte de Marx de acuerdo con Sabbatella y Tagliavini (2013), se destaca que bajo esta relación antagónica, la apropiación privada surge como efecto alienante que separa al hombre de su medio de vida. Esta separación de carácter histórico es la base de la relación capital-trabajo. Ello trae como resultado la separación hombre-naturaleza y campo-ciudad, que una de las consecuencias del modo de producción capitalista, donde la agricultura –que es la propiedad en si– ocasiona el despoblamiento rural y el hacinamiento urbano. Todo esto para poder entender que la polución y degradación ambiental, la disociación de las fuentes de producción de vida y la materia prima de los centros de consumo, son las consecuencias reales de la ruptura del metabolismo social con la naturaleza.

En cuanto al análisis de la degradación de la agricultura por el capital, Sabbatella y Tagliavini (2013) hacen referencia a Foladori, quien recupera la importancia de la teoría marxista de la renta capitalista del suelo, como una aplicación de la ley del valor con respecto a aquella parte de la naturaleza que puede ser monopolizable. Agregan que la agricultura, puesta al servicio del valor de cambio, es condición de posibilidad para que mayores inversiones de capital entreguen rendimientos económicos crecientes al mismo tiempo que disminuyen la fertilidad del suelo. Se asegura la ganancia aún con menos rendimiento, hasta llegar a la crisis ecológica. Por otro lado mencionan que para el capitalismo −tal y como lo plantea Engels− lo que interesa es la inmediatez sin importar las consecuencias de la producción e intercambio, el capitalista produce sin tomar en consideración la degradación del recurso. Más que un sacrificio, es un vulgar crimen con mortales efectos naturales y sociales, podríamos agregar.

Otro aspecto de interés al respecto, consiste en la ampliación del sistema de necesidades y expansión del capital sobre la naturaleza. Marx explica cómo la plusvalía actúa en relación con la circulación de mercancías, cuya consecuencia es que la producción se orienta hacia el intercambio y no hacia al valor de uso, y bajo este esquema se amplía el ciclo del consumo para incorporar nuevas necesidades que crearan nuevos valores de uso. La naturaleza pierde su carácter divino y es vista desde el provecho útil que satisface esas necesidades. La ampliación del sistema de necesidades humanas y la expansión sobre la naturaleza responden al proceso de producción y reproducción capitalista.

podemosverEn torno al planteamiento anterior, podemos ver claramente que hay una manipulación conceptual en torno al problema ambiental, el cual resulta ser consecuencia de la lucha de clases, como lo establece Marx en El Capital, y no como se afirma al principio de este artículo.

Analizamos ahora el aporte de Elmar Altvater, quien demuestra cómo las relaciones sociales del hombre con la naturaleza, basadas en las categorías de Marx, son de suma utilidad para lograr un mejor entendimiento de los problemas ecológicos actuales.

Altvater (2012), tomando como referencia a Deléage, contrasta el enfoque de la economía pura con la economía política para comprender las contradicciones de nuestro tiempo. Los individuos atomizados presocialmente −vistos como los homos economicus de la racionalidad individualista− actúan en un mundo sin espacio, son una construcción idealista sin relevancia social producto del individualismo metodológico de la economía moderna. Marx define a los individuos sociales insertos en un sistema social históricos que dependen de la naturaleza, por lo que la racionalidad bajo este enfoque debe estar orientada estrictamente hacia lo social, que es una perspectiva de la totalidad sociedad-hombre-naturaleza. En tal sentido, la crítica de Marx sobre la economía política está orientada hacia el metabolismo sociedad y naturaleza: transformación de la materia en energía, el rol de las necesidades humanas, el carácter dual del trabajo y la producción, la dinámica de las crisis económicas y sociales, la valorización del capital, la acumulación y expansión (globalización), la entropía y la irreversibilidad.

Continuando con el discurso de Alvater, citando a Marx con respecto al metabolismo, necesidades y el carácter dual del trabajo, nos explica que los seres humanos tienen que satisfacer las necesidades, y lo hacen de manera social, de forma tal que las necesidades de unos son satisfechas por el trabajo de otro, y viceversa. Luego, estas necesidades y las formas de satisfacerlas son la base de la división del trabajo con el reconocimiento mutuo de los individuos sociales. Ahora, cuando la necesidad se convierte en avaricia que es necesidad sin mutualidad, aparece la propiedad privada entendida como capital, donde el medio para resolver estas diferencias entre el productor y el que necesita, es el dinero.

Con este enfoque el trabajo obtiene doble carácter: (1) los valores de uso que satisfacen las necesidades de otros, y (2) los valores de cambio para el intercambio de mercancía en una sociedad monetaria. En este proceso de producción de valor intervienen tanto los individuos sociales con necesidades humanas, como la relación de la sociedad con la naturaleza.

Pero el trabajo no sólo produce valor, sino que agrega la plusvalía como forma de reproducción del capital con la explotación social del trabajo. Tal reproducción obedece a la transformación de bienes de la naturaleza. En este análisis, se advierte: el papel antropocéntrico del proceso de producción, el trabajo-centrismo que se superpone a la naturaleza, y la dinámica capitalista en cuanto la actividad humana limitada por la misma naturaleza. Respectivamente, estas advertencias dan cuenta al trabajo visto como mercancía y valor; a la importancia del trabajo que transforma la naturaleza en valores de uso y a su vez en desechos; y la producción para la acumulación capitalista y crecimiento económico fuera de lo social y natural. El proceso del trabajo muestra al mismo tiempo efectos productivos y destructivos, explicados desde las leyes de la termodinámica: el proceso dual no sólo produce valor de cambio y plusvalía, sino que también se transforman materia y energía, por lo que la entropía necesariamente aumenta.

Ahora, la ruptura de este metabolismo nos ayuda a entender cómo los procesos de crisis son los motores impulsores de nuevas formas de acumulación de capital a partir de la naturaleza, como se habló anteriormente. Para Marx las causas de la crisis estaban más allá de la influencia humana, aunque no descartaba que éstas guarden relación con la acción humana en el excesivo uso de las tierras y de los recursos, o por las guerras. Las crisis capitalistas operan como fuentes de Juvencia, en donde el sistema capitalista encuentra remedios para su recreación, estabilización y nuevas dinámicas del ciclo económico –destrucción creadora de Shumpeter, o proceso de transición que estabiliza la hegemonía burguesa según Gramsi.

En la actualidad es importante destacar el fenómeno de la crisis financiera de manera global, la principal causante de la mutación del capitalismo y su efecto sobre los sistemas político, social y económico. El mercado global dirige las crisis financieras que se propagan de un lugar  otro, (efecto manada), y se revalorizan mediante el cambio de activos en otras monedas que afectan a otras, (efecto contagio). Por lo tanto las crisis económicas tienen repercusión tanto en naciones como en regiones, lo que afecta el orden social donde se manifiesta tal crisis. Esto produce riqueza para unas naciones y pobreza para otras. Algunas aumentan por la expropiación de las riquezas de las naciones más débiles, traducida en destrucción ecológica como explica Altvater.

podemos afirmarDe esta forma podemos afirmar que la desigualdad y la injusticia es la verdadera causa de la destrucción ecológica, donde los pobres son relegados a la satisfacción de las necesidades básicas, y los ricos, en cambio, gozan del poder de la dominación del ambiente con el uso excesivo de recursos que generan el verdadero deterioro ambiental.

A continuación vamos a explicar el aporte de Efraín León en cuanto a la geopolítica de la lucha de clases y su repercusión en la producción y reproducción social de Marx.

Para León (2011), los procesos geopolíticos son cualidades particulares de las relaciones sociales reales a las que le corresponden formas particulares y diversas de reproducción racional o intuitiva. Procesos reales que forman parte de la praxis social y que pueden ser estudiados −problematizados, instrumentalizados, dinamizados− desde distintas perspectivas teóricas y por múltiples disciplinas científicas o sectores sociales −gobierno, militares, empresariales, sociales.

Los procesos geopolíticos no pueden reconocerse como un mero discurso ideológico que legitima un proceso violento de expansión hegemónica desde lo científico. No puede verse de manera reduccionista desde la geografía política y la teoría social. A partir de la perspectiva de geografía política se pierde ese aspecto geopolítico del mundo real (el Estado, los movimientos sociales, las formas de gobierno, las fronteras, el imperialismo, la hegemonía, la dominación, etc.) y de las visiones de las otras ramas del saber; mientras que desde la teoría social se perdería la visión crítica de los procesos geopolíticos reales de los diversos sujetos individuales y colectivos, sólo para dar respuesta científica −empirismo biologisista.

De acuerdo con León (2011), entendemos entonces como una geopolítica en la producción y la reproducción social, bajo la crítica marxista, a los procesos geopolíticos en su condición de cualidades particulares del mundo real. Espacialidad político-social en contradicción y conflicto con las propuestas particulares de reproducción social −teoría social del espacio.

Partiendo de la praxis social que mantienen las formas de representación y las relaciones sociales, se identifican dos ejes geopolíticos: los discursos o saberes geopolíticos (saberes científicos y no científicos que sustentan las prácticas geopolíticas o no, para explicar el proceso de espacialización políticamente como reproducción social) y la práctica geopolítica (prácticas reales de sujetos políticos en búsqueda de formas de espacialización).

La geopolítica es un saber espacial estratégico y, a su vez, es una práctica espacial, y ambas se corresponden y conforman entre sí como cualidad particular de la totalidad social. Es cualidad particular de las relaciones sociales reales, sentido e interés, conocimiento y proyecto, instrumento y actividad práctica del proceso social real que espacializa propuestas particulares de producción y reproducción social, donde los sujetos que lo ejercen se encuentran en permanente contradicción y conflicto.

León (2011) se refiere a la totalidad social y las escalas de los geopolítico de la siguiente manera: la tendencia histórica de constitución del mercado mundial no ha sido otra cosa que la expansión y avance espacial violenta de la subordinación capitalista sobre las diversas formas sociales, aprovechando sus cualidades y diferencias en lo local y regional, que responden funcionalmente a la producción y reproducción de las relaciones sociales capitalistas. Concentración diversificada y articulada de medidas espaciales de capital, diferenciadas por sus componentes orgánicos, sus modos y medios de producción, y a la división técnica, social y territorial del trabajo en escala internacional y mundial, afianzando el modelo social global del capitalismo moderno.

El Proceso de subordinación capitalista formal y real del espacio social global se caracteriza por:

  • Producción histórica del acomodo y funcionamiento espacial de la sociedad global moderna; expresión, premisa y mediación de su propia praxis y de sus resultados particulares.
  • Proceso de surgimiento, afirmación y desaparición de conflictos geopolíticos históricamente dados entre múltiples sujetos individuales y colectivos.
  • Conformación  de un complejo y dinámico mosaico de procesos geopolíticos sobrepuestos entre si en distintas escalas.
  • Reacomodos espaciales a diferentes escalas de la especialidad social global, y no de conflictos aislados o independientes.
  • Se reconoce cierta independencia de acuerdo al sujeto social que instrumenta total y parcialmente ciertos rasgos espaciales de su reproducción social, considerando las propuestas particulares de reproducción social encaminados por el interés egoísta e indiferente, buscando mejores condiciones de vida, e intentando revertir las condiciones generales del modelo de sociedad moderna capitalista global.

Para León (2011), las condiciones geográficas que determinan a la sociedad en los procesos geopolíticos no son las determinantes naturales del medio físico −como asegura la geopolítica tradicional y el empirismo biologisista− puesto que hay que reconocer sus cualidades dinámicas en los procesos sociales reales.

La geograficidad es el arreglo histórico del funcionamiento espacial de la sociedad, de sus desarrollos geográficos desiguales −no niega la base material sino que incorpora la dinámica social que lo adecua a las necesidades sociales en contradicción y conflicto−. No hay naturalismo o biologisismo intrínseco en lo geográfico o espacial, ni ahistoricidad al asumir las determinaciones geográficas o espaciales en los procesos sociales.

Los procesos geopolíticos no son sólo saberes y prácticas estratégicas dirigidas a la especialización a futuro, son además procesos pasados que determinan el presente. Desde el materialismo histórico, se asume la espacialidad social como un conjunto de cualidades particulares de nuestra propia obra histórica que condiciona la práctica del presente.

Con respecto al sujeto de la geopolítica y la lucha de clases, León establece que el sujeto no es otro que la sociedad global capitalista, su comportamiento histórico, su composición diferenciada y sus múltiples tensiones y contradicciones objetivas. Es el conjunto de las relaciones históricas que vivimos hoy día en la modernidad capitalista, vista su actuación geopolítica diferenciada, con expresiones múltiples y heterogéneas en contradicción y conflicto.

el retoEl reto es concebir y explicar a la sociedad moderna, sin atomizar la unidad social en cada una de las partes, sin interpretaciones estructuralistas de dicha unidad que niegue las clases, los grupos y los múltiples sujetos individuales y colectivos, como unidad diversa y en constante transformación que se constituyen, transforman y despliegan, a su vez, su praxis individual, voluntad o deseo de afirmación política definida en su praxis social y política; en su interés particular; en su forma de representación en lo real; es su capacidad de resolver su necesidad; su correspondencia con el otro; su posición en la estructura productiva, espacial social y política; ubicación y participación en la producción, la distribución, el cambio y el consumo; en la división técnica, social y territorial del trabajo; en el sistema de capacidades políticas y comunicativas; etc.

El sujeto histórico de la lucha de clases está presente hoy día en la praxis real de los movimientos sociales, masas sociales, algunos de ellos son p.ej. los movimientos autonomistas, los pueblos y comunidades locales, los campesinos, las etnias, los estudiantes, los jóvenes, las mujeres, los homosexuales, las trabajadoras sexuales, los trabajadores en activo, los desempleados, los gremios, los migrantes, las organizaciones barriales, los partidos políticos y el gobierno; pero en atención a su configuración histórica, su clasificación, desclasificación y reclasificación política, a su posible interconexión y fortalecimiento de acuerdo a un proyecto político común.

Para cerrar con este aspecto, León (2011), expone que podemos concebir la geopolítica como una cualidad particular de la praxis histórica, una forma de ver al sujeto de la geopolítica en la que las clases no son rígidas, pero si determinantes de acuerdo al conjunto de intereses particulares y a las localizaciones diversas de los sujetos de las estructuras sociales. Debemos redefinir al sujeto histórico que posibilite la superación del capitalismo, y asumimos que como proceso de lo real esté en constitución. Partiendo del esfuerzo conjunto −desde la perspectiva histórica política− por reconocernos en las capacidades políticas, diferencias de los otros, como la fuerza social global, asumiendo la historia como nuestra propia obra en marcha donde la geopolítica de la lucha de clases esté presente.

Ahora, habiendo explicado el problema ambiental desde la perspectiva de la división social del trabajo, la reproducción social del modo de producción capitalista, la ruptura del metabolismo hombre-sociedad-naturaleza como un todo y desde la visión de la geopolítica integral al proceso societal de la espacialización, ¿es posible hablar de desarrollo humano sustentable?

El desarrollo humano sustentable, según Gallegos (2009), se define como el desarrollo económico dirigido al fomento de las capacidades humanas y sociales, fundado en el respeto por el medio ambiente. En tal sentido, podemos decir que bajo la filosofía del desarrollo clásico −basado en producción, acumulación de capital, industrialización y urbanismo− es una trampa filosófica y conceptual, puesto que en un modelo capitalista es imposible desaparecer el conflicto que genera la lucha de clases, en consecuencia es desigual e injusta, y por tanto deja de ser humano. Adicionalmente, la producción es una ecuación directamente proporcional a la explotación de bienes y servicios necesariamente obtenidos del ambiente sin respeto alguno por la biodiversidad.

El desarrollo sostenible plantea el equilibrio armónico que debe existir en tres ámbitos: lo social, lo económico y lo ecológico. En el mismo orden de ideas, es necesario resaltar que el sistema económico capitalista estará siempre en detrimento del hombre y su sistema de relaciones puesto que es el causante de la división social del trabajo, de la plusvalía y de la acumulación de capital de los centros hegemónicos de poder, y como ya se explicó, tales prácticas son depredadoras del ambiente.

En ambos conceptos predomina la noción de desarrollo planteado por las Naciones Unidas a través del PNUD, quien hace uso del producto interno bruto (PIB) como medida de desarrollo de un país, en cuanto a producción, ingreso y gasto de sus ciudadanos, para valorar la satisfacción y el bienestar material de la sociedad. En tal sentido, creemos que las naciones no pueden ser medidas por un sistema único, puesto que las relaciones sociales, culturales y humanas propiamente dichas, responden a sus características geográficas, históricas y a su biodiversidad, es decir, a sus cualidades para la vida, por lo que un valor abstracto, cuantitativo y generalizado no describe la realidad de cualquier país y la de sus ciudadanos, mucho menos se pueden establecer comparaciones para clasificar su desarrollo.

En contraposición, tomado de Gallegos (2009), hemos aceptado el concepto de decrecimiento como la solución al problema ambiental en relación con los procesos necesarios de los seres humanos para garantizar la vida y los principios fundamentales para lograrla. Este modelo considera al ser humano como lo más importante, y no lo que representa desde la visión mercantilista, plantea formas alternativas para el nos parecemanejo del ambiente valorando a las generaciones futuras, propone nuevas formas de producción contrarias al consumismo y al despilfarro de energía, considera el uso de la tecnología (ecoténicas), la educación ambiental y el diálogo de saberes para minimizar las consecuencias de la industrialización y el comercio (desechos), destaca la participación ciudadana activa considerando las particularidades regionales en las prácticas ecológicas para el desarrollo, entre los principales aspectos.

Nos parece importante destacar que el decrecimiento puede ser utilizado en el discurso neoliberal como excusa de los gobiernos imperialistas para seducir a la opinión pública, a la academia, a los pueblos y a los grupos organizados, entre otros, para  justificar, y eufemísticamente esconder, su expansionismo, mecanismo perfecto que avala como necesidad a la continua expropiación de las riquezas de los países de la periferia −como señala Wallerstein en su teoría sobre el sistema mundo. La historia da cuenta de lo anterior cuando analizamos las inevitables guerras colonialistas propias del capitalismo depredador, que son esenciales para él, pues, no hacerlas es como destruir su propia savia, es desaparecer.

Bibliografía

Sabbatella, I. y Tagliavini, D. (2013). Marxismo Ecológico: Elementos fundamentales para la crítica de la economía-política-ecológica. [Artículo en línea]. Consultado el (26, 10, 2013) en: http://es.scribd.com/doc/130964113/Tagliavini-y-Sabbatella-sobre-marxismo-ecologico-pdf

Altvater, E. (2012). ¿Existe un Marxismo Ecológico? [Artículo en línea]. Consultado el (1, 11, 2013) en: http://alaizquierdadelarazon.wordpress.com/2012/07/20/existe-un-marxismo-ecologico-elmar-altvater/

León, E. (2011). Geopolítica de la lucha de clases: una perspectiva desde la reproducción social de Marx. Revista Geográfica de América Central. [Revista en línea]. Consultado el (26, 10, 2013) en: http://www.revistas.una.ac.cr/ index.php/geografica/article/view/3030

Gallegos, M. (2009). El desarrollo humano sustentable no es posible en el capitalismo. La construcción de (algunas) alternativas desde abajo. [Revista en línea]. Consultado el (10, 10, 2013) en: http://rubenmartinmartin.files.wordpress.com/2009/12/gallegos-el-desarrollo-no-es-posible-en-el-capitalismo.pdf

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