Hagamos acción dialógica y comunicacional con comunidades interpretativas

 

concom

El siguiente texto es tomado del capitulo I de la tesis de Maestria elaborada por mi persona en el 2004 pero debido a que lo allí expresado sigue vigente lo retomo. Al final del mismo haré unas consideraciones en torno a la crisis estructural y coyuntural que venimos afrontando los pueblos del mundo, en especial América Latina desde que el vocero Olivier Blanchard del Fondo Monetario Mundial, anunció que “El mundo sufrirá 10 años de crisis económica” (https://actualidad.rt.com/economia/view/55111-fmi-mundo-sufrira-10-anos-crisis-economica) a modo de informar a la opinión pública mundial, las estrategias que ellos aplicarían a las economias para hacer retornar a las arcas de las élites financieras el dinero que han dilapidado en los negocios del mercado especulativo y desviarlo para usos desconocidos, pero que la sociologa Saskia Sassen demuestra fehacientemente en sus investigaciones que estos se dirigieron a la adquisición de empresas mundiales como vinculadas con los alimentos, medicinas, bienes y raíces, tierras fértiles, grupos mercenarios, etc.

De unos medios que someten a una comunicación que que nos haga despertar

Ante los nuevos escenarios que enfrentan Venezuela y América Latina y por la necesidad de superar los cuadros sociales, políticos y económicos cada vez más complejos y conflictivos, por la diversidad de las necesidades, intereses y expectativas de los actores sociales y las limitaciones de recursos de las sociedades, enmarcados en el fenómeno de la globalización y del empuje de la fuerza local, se hacen necesarios nuevos modos de actuación, que requieren ser procesados tomando en consideración todos los factores que intervienen (Lechner, 1997, p.7) .

Un nuevo liderazgo que asuma los retos y desafíos planteados es lo que marcará la diferencia entre lo que se ha venido haciendo y lo que realmente es preciso hacer. Liderazgo caracterizado por el perfeccionamiento de las “capacidades y funcionamientos de los seres humanos” (Sen & Nussbaum, 2000 p. 34) que se derivan de su ser espiritual, relacional, cognoscitivo e histórico, y le permiten tener una visión global y una actuación en lo particular de las situaciones y problemas que afronta en el día a día. Visión global y particular que se circunscribe a los derechos humanos en términos de universalidad y justicia, así como la solidaridad y la equidad integradas como un todo. La misma realidad latinoamericana lo exige así, dadas las brechas sociales que por décadas han profundizado, pauperizando las gentes y los pueblos. No resulta extraño observar los resultados de una encuesta a 3000 gerentes de América Latina realizada en 1.999, donde los investigadores ponderan “la importancia de un liderazgo humanizador, aunque reconocen que en la práctica está muy lejos de ello” (Cladea, 2002, p.15).

Este liderazgo tiene sus espacios donde realizarse, que van desde las instituciones públicas como centros de garantes de derecho hasta las organizaciones privadas, que desde su responsabilidad social asumen el cambio del entorno a través de programas y acciones con las comunidades más afines a sus propósitos.

La gestión hacia la comunidad como célula de la sociedad, conduce a un abordaje específico y personalizado, donde la alteridad y el manejo de procesos humanizadores representan un cambio cualitativo en la relación. Ya no es factible la imposición maniqueísta institucional u organizacional como ente de conocimiento, recursos y poder, para someter a las comunidades “ignorantes, limitadas e inferiores”. Filosofía ésta, que ha sido amparada por los procesos comunicacionales, donde el fin último no es el ser humano, sino los intereses económicos y políticos de quienes ostentan el control de los recursos como un privilegio de una élite (Domínguez, 2002 p. 8).

Acometer cambios profundos en esta relación institución-comunidad, “requiere del aporte de todas las disciplinas del conocimiento humanistas, sociales y económicas, no sin antes revisar las contradicciones del sistema comunicacional vigente, su papel ideologizante y los efectos que la práctica supone” (Sfez, 1995, p. 453) y estableciendo el impacto de los avances tecnológicos en materia de telecomunicaciones sobre las modificaciones de conductas y costumbres personales y sociales, debido al tiempo dedicado a la televisión, al teléfono, al celular, a la computadora y al Internet y otras novedades tecnológicas por parte de los usuarios. Esta presencia tecnológica advierte que un nuevo espacio ha venido a mezclarse con la vida cotidiana y organizacional, donde el bombardeo mediático y la invasión tecnológica alienante irrumpe la privacidad y crea un estilo de vida, caracterizado por la incomunicación, el individualismo, la soledad y la apatía, haciéndonos cada vez más alejados o extraños unos de otros.

Nueva torre de Babel que hemos levantado nos alerta a un problema severo y crítico: no nos estamos entendiendo y cada vez más deshumanizándonos, entendiéndose por esto la incapacidad del hombre de llevarse bien consigo mismo y con los demás (Borden, 1976, p. 126). Babel como mito milenario nos remite a la imposibilidad de todos los humanos para hablar un lenguaje que nos permita encontrarnos. Evoca lenguajes que se sobreponen mutuamente, se confunden y se destruyen unos a otros. Babel como el lugar de los encuentros frustrados: donde el entendimiento es artículo de lujo, y en el que se multiplican los equívocos, las tergiversaciones haciendo que las personas no logren encontrarse (Martini, 1995, p.10). Más bien suceden choques, enfados mutuos, cada cual se lamenta que el otro no le comprende. Babel es el símbolo de la no-comunicación, del cansancio y de las ambigüedades a las que está sometida la comunicación en la tierra. Babel es también el símbolo de una civilización en la cual la multiplicación y la confusión de los mensajes llevan a la incomprensión y al aislamiento.

No obstante, “el hombre y la mujer como ser en unidad y su corporeidad esencialmente relacional y comunicativa, se encarga de recordarnos que la última palabra no es Babel sino la posibilidad de comunicarnos” (Roccheta, 1990. p. 148). Esto obliga a considerar las concepciones filosóficas respecto a la persona humana, que se tiene en el imaginario individual y colectivo occidental. Es fundamental examinar los supuestos que propugnan una práctica mediática y publicitaria, en la que se proyecta indiscriminadamente a la pareja humana colmada de prestigio y éxito, utilitarista, competitiva donde el activismo los devora, enmarcada en una cultura “light”, donde todo es relativo, no existe la reflexión y los ideales profundos, pero su tiempo lo dedica a rendir culto al dinero y a la tecnología y consumiendo todo lo que sale en el mercado. Práctica que no es ingenua, ni neutra, sino que excluye personas, grupos y pueblos, establece estilos de vidas individualista y hedonista, impone agendas y temas, contrarios a la integración, a la búsqueda del bien común y a la solidaridad de las gentes: oponiéndose diametralmente a un ser humano creativo, emancipado y transformador dentro del entorno histórico al que le corresponde actuar.

Sin embargo, el hombre y la mujer vislumbran que algo no funciona bien y buscan caminos para comprender, para reconstruirse en el horizonte de su historia (Lechner, 1997 p.8). El ser humano posee cualidades que le permiten intuir esto y desafiar el destino impuesto por el sistema global que actúa para destruir identidades culturales y homogeneizar las culturas. Urge estudiar el fenómeno no sólo para elaborar una crítica que revise las causas y las consecuencias en el presente y futuro, sino para determinar y construir nuevos paradigmas que permitan que el sistema funcione para todos y establezca principios donde el respeto a la dignidad humana, la búsqueda de la verdad, el ejercicio de la justicia y la equidad y la primacía del bien común fluyan en los espacios habituales de la gente como puede ser el hogar, la vecindad, la escuela, y el trabajo. Lo contrario, es cercenar la evolución de la humanidad vista como individuo y colectivo. Evolución que parte de lo simple a lo complejo.

La organización con fin social en el ámbito comunitario, resulta un espacio idóneo para reconocer los alcances y limites de la comunicación, así como fraguar cambios significativos en la manera como nos comunicamos. Dadas las posibilidades que entraña: impacto de lo cotidiano, establecimiento de las relaciones humanas directas, validación in situ de los conocimientos, se aprende a valorar y respetar al otro, a capacitarse para construir desde lo real, a reconocer los fracasos y los aciertos y a focalizar los esfuerzos que permiten modificar el entorno, en términos de calidad de vida para una coexistencia en armonía y de bienestar.

Una organización que se interese por resultados de esta categoría tendrá que asumir la comunicación con todo lo que ella implica, pues para atravesar las fronteras existentes entre comunidad e institución es necesario abrir el espacio comunicacional y fomentar una cultura del diálogo, del debate, de la búsqueda del bien común basada en la participación de quienes conforman la relación, haciendo accesible la información, tejiendo constructos que integren y no fragmenten la realidad, que convoquen y no disgreguen lo social y sobre todo empoderen a la gente para su humanización. La necesidad de transformar la comunidad tiene que apoyarse en el poder comunicativo del hombre y la mujer que crea, que se independiza de lo innecesario, que con autonomía forja culturas saludables y nutritivas para innovar y transformar el entorno.

Pero ¿cómo lograr este propósito, donde la organización social y la comunidad se encuentren, se enriquezcan mutuamente, interaccionen y actúen sobre metas y fines que construyen comunidad, a pesar de un entorno cultural, económico, tecnológico y mediático que descarga permanentemente su ideología inmoral en formas engañosa y apabullantes donde es más fácil rendirse a sus presunciones?

Una manera es creando espacios de humanización donde el diálogo y la comunicación cumpla un papel fundamental en la problematización de la realidad, que ahogada en mitos y condicionamientos, propicia el individualismo, la resistencia al cambio, la parálisis y la inercia social, la indiferencia y el mutismo, el activismo automático y mecanicista, la vulnerabilidad y la predisposición ante lo que se sospecha inseguro y negativo, la falta de visión y perspectiva global, la incoherencia entre el pensar, sentir y actuar, etc. Para que sean auténticos espacios humanizadores, es necesario comprender y valorar la participación de la mujer y del hombre en el modo de superar los cuadros descritos. No es posible un camino de humanización y menos de comunicación cuando el hombre y la mujer caminan por aceras opuestas haciendo que el aporte exclusivamente femenino o masculino esté ausente.

Planteado esto, queda la necesidad de hacer teoría y praxis comunicacional basadas en el ser humano y que desde su corporeidad asuma las posibilidades y potencialidades para hacer comunicación humanizadora.

Interrogantes a considerar:

La comunicación es parte de la esencia humana ¿por qué hemos permitido que el Sistema Mundo se apodere de lo que es del mundo de la Vida? ¿Cómo subvertir ese orden desde la conciencia y acción organizativa?

Frente a la crisis estructural y coyuntural impuesta por el Sistema Mundo capitalista y neoliberal donde los ciudadanos y los consumidores son presa fácil de los vaivenes del mercado ¿Cómo hacer para que los ciudadanos como sujetos históricos reconozcan su papel protagóncio desde la Palabra?

¿Cómo desarrollar comunidades interpretativas, es decir, espacios donde confluyen innumerables voces y miradas y estos interpretan su realidad y abonan al debate permanente para el cambio y transformación histórica, y que como mediadores sociales construyen sentidos, orientaciones y generan procesos de concienciación para acción dialogica?

concom

 

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