¿Comunicar para favorecer a los pueblos o a los grupos de poder trasnacional?

Por Alice Socorro Peña Maldonado

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Sabemos la necesidad del varón y de la mujer en comunicarse no solo como individuos sino como seres comunitarios que somos. Sabemos que comunicarnos unos a otros contribuye a ponernos de acuerdo, a buscar un sentido común que nos permita construir, a reconocernos en nuestras capacidades y valorarnos en los talentos mutuamente. Sabemos que si no hacemos un uso correcto de la comunicación se impondrán la dominación y la subordinación de unos sobre los otros lo que acarrea competencia mal sana, destrucción del otro, resistencias que no permiten desarrollar lo mejor de cada uno. Rebeldías que no hacen más que retrasar la creatividad, la innovación que podemos producir cuando todos confiamos y aceptamos las reglas de juego para fortalecer la unitividad y conectividad  como seres humanos.

Cuando venimos a la existencia, encontramos un diseño de mundo totalmente opuesto para comunicarnos. Este diseño está constituido en la cultura de la adversatividad y la polémica, que explicado por la lingüista Deborah Tannen esta hace referencia a la discusión en si misma en oposición al diálogo constructivo. La autora ve con preocupación la creciente incapacidad de los interlocutores sociales para el diálogo y el desarrollo de un clima de sospecha, alentado en su mayoría, por los medios de comunicación. La práctica de los dos bandos interfiere en la resolución de los conflictos, creando una cultura de la polémica, que va desde los espacios políticos (en campañas y oposición permanente) hasta las discusiones académicas en las universidades (Tannen, 1999, pp. 43-208-295) .

Es indiscutible que la polémica, el hecho de polemizar, está inscrito, de forma contundente, en nuestra vida cotidiana. Trátese de la familia, del trabajo, de la política o de cualquier ámbito en el cual, por causas coyunturales, se puedan dar las circunstancias de un pleito, ahí estará presente el espíritu polémico con toda su carga de premeditación, provocaciones, retos públicos e intimidaciones constantes cuyos efectos son, la mayoría de las veces, lamentables. Polemizar es un hecho sin duda necesario y vital para ventilar aspectos que ponen de manifiesto puntos de vista contrarios, pero no puede convertirse en el único modo de resolver las cosas.

Para la autora de Genero y Discurso y La Cultura de la Polémica “la cultura occidental, por ejemplo, esta costumbre alcanza niveles de escarnio y difamación como estrategias pensadas para destruir al adversario. La cultura de la polémica insta a un acercamiento del mundo -y las personas en él- en un marco del conflicto. Descansa en la asunción de que la oposición es la mejor manera de discutir una idea, donde se expresan puntos de vistas extremos y polarizados y se establecen disputas y ataques mediante la crítica. “Existen diversos puntos de vista y no debemos olvidarlo si de verdad se busca la verdad y llegar a acuerdos desde el sentido común.

Se ha ido implantando una atmósfera en el sentido de que sólo el debate es aceptable como forma de discurso, contrariamente, se presenta el diálogo como algo aburrido y que nadie le interesara. Con la tendencia a acercarse a cada problema como si hubiese una lucha entre dos bandos, de fondo lo que se busca es que las mayorías se polaricen desde los extremos. Sostiene Tannen que la oposición no lleva a la verdad y cuando se trata de presentar dos lados de un asunto, se corre el riesgo de dejarla fuera.

Considera Tannen que el cambiar esta cultura del ataque se hará posible cuando quienes manejan los medios de comunicación observen el desencantamiento y el rechazo de las audiencias. Tiene un efecto corrosivo el ser rodeado por una disputa tenaz en ese sentido recuerda la máxima: “el escándalo de ayer es el tedio del mañana”. El efecto más peligroso de esto es para el espíritu humano, pues deprime y desespera.

Las personas son capaces de responder ampliamente. Un ejemplo es el programa de radio “Tierra Común” donde concurren personas con puntos de vistas antagónicos y a las que se les invita a encontrar un espacio común, y hallar soluciones. Las personas responden  favorablemente a eso.

Considera Tannen que los espectadores, los oyentes o los lectores rechazan la lucha y la confrontación y están abiertos a nuevos enfoques donde una conversación permita aprender algo, donde se pueda hacer un esfuerzo para entender el punto de vista del otro, aunque no se esté de acuerdo, y donde no esté mediada por la duda y la desconfianza (Gergen, 1998, p.1).

¿Quién puede estar detrás de la destrucción y conflicto desde la polémica?

Ya los griegos tenían en su terminología la palabra Esquismogénesis que significa literalmente “la creación de la división”, la “división en facciones opuestas”.  Para una mayor comprensión de esto Gregory Bateson, en “Pasos hacia una ecología de la mente” alerta a los investigadores que busquen métodos para detener la esquismogénesis antes de que alcance su fase destructiva y describe las dos formas de esquismogénesis, las cuales son auto-destructiva para las partes involucradas.

  1. Esquismogénesis complementaria Esta se caracteriza por una lucha de dos grupos, cuando la interacción entre ellos es tal que un comportamiento X de un lado provoca un comportamiento Y pero en condición de complementariedad (uno no es sin el otro, hasta cuando alguien rompa la relación y la enfrente para superarla) dominante-sumiso y que llega a tal punto de exageración que ambos da lugar a una ruptura grave y posible conflicto. Un ejemplo de ello son las luchas de condiciones de clase: Ricos y Pobres; Propietarios y trabajadores; Sistema político Vs. Sistema económico. Trasnacionales vs. Gobiernos.
  2. Esquismogénesis simétrica Este en cambio se evidencia en dos grupos que compiten por motivos y comportamientos similares o simétricos. Ambos establecen superar al otro y se esfuerzan hasta lograrlo, en la apariencia es necesario para ambos lados. Ejemplo de esto: la competencia entre las trasnacionales para apropiarse de mercados y mantenimiento de un tal liderazgo que lo paga el consumir; las lealtades de los consumidores frente a las marcas; los miembros de partidos que de diferentes ideologías compiten en las elecciones para llegar al poder, los miembros de un partido que compiten entre si para obtener cargos y se olvidan de los intereses de los pueblos, los eventos deportivos más comunes, como el béisbol, donde las reglas son las mismas para ambos equipos. Los usuarios de los medios que se creen mejor que el otro que ve un canal distinto.

Podemos reconocer en ambas formas como reproductoras de conflictos hasta llegar a ser destructivos para los pueblos y las sociedades, para las comunidades y familias. Cuando observamos debates que se convierten en polémica en los medios de difusión y en las redes sociales estamos ante un fenómeno que no siempre comprendemos pero que los resultados los sufrimos o padecemos cuando se crea una división mutuamente agravante y lo peor es los “desacuerdos no se derivan de la diferencia real de opinión” que a su vez favorecen élites y grupos de poder político y económico que frente a decisiones dejan fuera a los ciudadanos y los consumidores, que son a la vez quienes pagamos o llevamos a cuesta el costo de las decisiones, mientras las élites obtienen las ganancias sin límites.

Dos interrogantes por resolver:

  • ¿Cómo hacemos los investigadores sociales y comunicacionales subvertir el orden de la esquismogénesis complementaria  y simétrica implementado por el sistema global del norte, que no son más que formas que perturban, obstruyen y destruyen el derecho del desarrollo de los pueblos y ciudadanía y la garantía de una vida en paz y justicia?
  • ¿Cómo podemos apoyar a los ciudadanos y movimientos para alcanzar conquistas sociales, económicas, políticas, culturales, ambientales, etc. en el marco de un diálogo constructivo, donde el respeto y la valoración de todos se asuma sus diversas visiones (mas no posturas de grupos élites) sin menoscabo del poder que solo a largo plazo diluye la fortaleza, la  sabiduría y los intereses de los pueblos?

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